SI ESTÁS PENSANDO ESCRIBIRME

LEE ESTO ANTES

Puede ahorrarte tiempo.

Y a mí también.

Antes de trabajar juntos

¿Pero tú quién eres?

Soy David Lanero, consultor estratégico en olivicultura.

Trabajo sobre problemas y decisiones relacionados con explotaciones de olivar: producción, inversión, transformación, maquinaria, agua, manejo, costes, riesgos, equipos y resultados.

A veces me contrata la propiedad.

Otras, un inversor.

Otras, la dirección de una empresa que ya tiene ingenieros y necesita una mirada independiente.

No estoy aquí para sustituir todo lo que ya existe alrededor de una finca.

Estoy para ayudar a entender mejor el problema y tomar mejores decisiones.

Si quieres conocer mi trayectoria, tienes la página Sobre mí.

Si tienes una finca y una decisión encima de la mesa, probablemente te interesa más Cuéntame qué está pasando.

¿Qué tipo de problemas trabajas?

Los que merece la pena pensar bien antes de actuar.

Normalmente porque equivocarse cuesta dinero.

  • Una explotación que produce menos de lo que debería y nadie termina de saber por qué.
  • Una inversión importante.
  • Una transformación.
  • La compra de una finca.
  • Una decisión sobre maquinaria.
  • Un cambio de manejo.
  • Un proyecto que funciona estupendamente en Excel y bastante peor cuando sales al campo.
  • Un equipo técnico que propone una cosa y un proveedor otra.
  • O una explotación que mueve mucho dinero pero no obtiene los resultados que debería.

No hace falta que vengas con el diagnóstico.

Si ya tuvieras claro qué ocurre, por qué ocurre y qué hacer, una parte importante de mi trabajo sobraría.

¿Tengo que saber qué servicio necesito?

No.

Necesitas saber qué te preocupa.

El servicio es asunto mío.

Cuéntame qué está pasando y qué quieres conseguir.

Después veremos si necesitas una segunda opinión, un análisis más amplio, seguimiento, dirección técnica o ninguna de esas cosas.

Primero el problema. Después el servicio.

¿Cómo sé si mi proyecto encaja contigo?

Fácil.

¿Importa económicamente acertar?

Si estás a punto de invertir una cantidad importante, una decisión equivocada puede costarte mucho dinero o una explotación relevante está funcionando por debajo de lo que debería, merece la pena estudiarlo.

Si el problema vale 5 y resolverlo cuesta 10, no tiene sentido contratarme.

También te lo diré.

¿Trabajas solo con fincas grandes?

No.

Las hectáreas, por sí solas, me dicen poco.

Me importa mucho más lo que hay en juego.

Una explotación relativamente pequeña puede tener delante una decisión que justifique perfectamente mi intervención.

Y una finca enorme puede tener un problema que no la justifique.

Depende de la decisión.

Del dinero.

Del riesgo.

Y de lo que pueda aportar.

¿Trabajas con inversores aunque todavía no hayan comprado la finca?

Sí.

De hecho, antes de comprar suele ser un momento especialmente interesante.

Después de firmar hay cosas que todavía puedes cambiar.

El precio que pagaste no es una de ellas.

Puedo analizar la realidad agronómica que hay detrás de la operación: producción, agua, limitaciones,

mecanización, necesidades de transformación, riesgos, equipo e inversiones futuras.

Una finca puede ser fantástica.

También puede ser fantástica en Excel.

No es exactamente lo mismo.

Ya tengo ingenieros o equipo técnico. ¿Tiene sentido contratarte?

Sí.

No necesito sustituir a tu equipo para ser útil.

De hecho, muchas veces no tendría ningún sentido hacerlo.

Puedo trabajar para la propiedad, la dirección o el inversor como una mirada independiente sobre decisiones concretas o sobre el conjunto de la explotación.

Tu equipo puede saber mucho.

Tus proveedores también.

Pero lo importante es…

¿Quién está mirando el conjunto y quién puede cuestionar una decisión sin necesitar que gane una alternativa concreta?

Ahí es donde puedo aportar.

Sobre cómo trabajo

¿Qué significa exactamente “consultor estratégico en olivicultura”?

Que los olivos son una parte del problema.

No siempre todo el problema.

Agronomía, inversión, maquinaria, agua, costes, equipo, operación, riesgo y resultados están conectados.

Puedes tomar una decisión agronómicamente impecable y económicamente absurda.

También puedes descartar una inversión porque parece cara y descubrir después que no hacerla te salió bastante más caro.

Mi trabajo consiste en unir esas piezas antes de recomendar qué hacer.

¿Vienes a la finca?

Si hace falta, sí.

Ir por ir, no.

No vendo visitas.

Si necesito estar en la explotación para entender correctamente el problema, estaré allí.

Si puedo analizar una decisión con los datos, la documentación y la información disponible, coger un avión o conducir cuatro horas no hace que mi recomendación sea mejor.

La visita es una herramienta.

No el servicio.

¿Trabajas por horas, hectáreas o visitas?

No.

No pongo un taxímetro en marcha cuando empezamos a hablar.

Primero necesito entender el problema, el resultado que buscas, la dificultad del trabajo, la responsabilidad que voy a asumir y qué hay en juego.

Después defino la intervención.

Y entonces hablamos de condiciones.

¿Puedes acompañar la explotación durante la campaña?

Sí.

Cuando haga falta.

Hay problemas que se resuelven estudiando una decisión concreta.

Otros necesitan ver qué ocurre durante meses.

En esos casos puedo revisar la evolución de la explotación, controlar determinadas decisiones, trabajar con el equipo y corregir el rumbo cuando aparecen datos nuevos.

También puedo asumir una intervención más amplia de dirección técnica.

Lo que no hago es decidir que necesitas seis meses de acompañamiento antes de saber qué problema tienes.

¿Puedes sustituir a mi equipo de campo?

No.

Puedo analizar, dirigir, revisar, cuestionar, planificar y trabajar con quienes ejecutan.

Pero alguien tendrá que seguir podando, regando, aplicando tratamientos, conduciendo maquinaria y ocupándose del día a día.

Puedo dirigir el trabajo. No puedo estar a ambos lados de la mesa al mismo tiempo.

Proyectos de consultoría

¿Cuánto cuesta trabajar contigo?

Mis proyectos de consultoría empiezan en 10.000 €.

Te lo digo ahora para evitar que rellenes un formulario, tengamos una reunión, dediquemos tiempo los dos y descubramos al final que uno estaba hablando de 2.000 € y el otro de 20.000 €.

No aporta nada.

Que empiecen en 10.000 € no significa que todos cuesten 10.000 €.

Significa exactamente eso:

empiezan en 10.000 €.

Por debajo de esa cifra normalmente no tiene sentido el tipo de intervención para el que me contratan.

La excepción es la Segunda Opinión: 1.250 € + IVA.

¿Por qué no tienes una tarifa cerrada para el resto de servicios?

Porque no sé cuánto cuesta un problema que todavía no conozco.

Y tú tampoco deberías fiarte de alguien que sí lo sabe.

No es lo mismo revisar una inversión antes de ejecutarla que entrar en una explotación que lleva años acumulando problemas.

No es igual trabajar con un buen equipo técnico que asumir buena parte de la dirección.

No es igual intervenir una vez que acompañar toda una campaña.

Primero veo qué hay que resolver.

Después te digo qué haría.

Y entonces te digo cuánto cuesta.

En ese orden.

¿Puedes darme precio antes de hablar?

Sí.

Hasta cierto punto.

Segunda Opinión: 1.250 € + IVA.

Proyectos de consultoría: desde 10.000 €.

Eso es lo que puedo decirte sin conocer el proyecto.

Para darte un presupuesto concreto necesito saber qué voy a hacer.

Cualquier cifra más precisa antes de entenderlo tendría una ventaja: sería rápida.

Y un pequeño inconveniente… me la estaría inventando.

Resultados y responsabilidad

¿Garantizas producción o rentabilidad?

No.

No controlo el clima.

No controlo el precio del aceite.

No ejecuto personalmente cada labor de la finca.

Y tampoco puedo deshacer veinte años de decisiones anteriores con una recomendación.

Por tanto, garantizarte toneladas o rentabilidad sería poco serio.

Lo que sí puedo hacer es analizar mejor una situación, encontrar riesgos, cuestionar supuestos, poner orden entre alternativas y ayudarte a decidir con más información.

Eso es lo que vendo.

Criterio.

No milagros.

¿Y si después de analizarlo recomiendas no hacer nada?

Entonces habremos llegado a una conclusión.

No necesito que termines comprando una máquina, arrancando árboles o transformando una finca para justificar mi trabajo.

A veces conviene invertir.

A veces negociar.

A veces esperar.

Y a veces conviene guardar el dinero en el banco y dejar la finca tranquila.

Hacer cosas produce una sensación agradable de avance.

No siempre produce resultados.

¿Respondes dudas técnicas sueltas?

Normalmente, no.

La pregunta puede caber en un WhatsApp.

El contexto casi nunca.

“¿Qué harías con esta poda?”

“¿Comprarías esta máquina?”

“¿Cambiarías este tratamiento?”

“¿Transformarías esta parcela?”

Depende.

Y “depende” no es una respuesta evasiva cuando realmente depende.

Sin conocer la explotación, el objetivo, las restricciones, el dinero y las alternativas, darte una respuesta rápida puede hacer más daño que bien.

Si tienes una decisión concreta, mira la Segunda Opinión.

Si tienes un problema más amplio, cuéntamelo.

Contacto y disponibilidad

¿Cuál es la forma correcta de contactar contigo?

Desde la página de contacto.

Ahí te pido la información mínima que necesito para saber qué tienes entre manos.

Dónde está la explotación.

Qué ocurre.

Qué quieres conseguir.

Qué decisión tienes que tomar.

Qué hay en juego.

Y quién participa.

Con eso puedo valorar el proyecto.

Un “hola, me gustaría hablar contigo” me obliga a preguntarte después todo lo anterior.

Podemos ahorrarnos ese paso.

¿Qué información necesitas para saber si puedes ayudarme?

Menos de la que crees.

No necesito cincuenta páginas.

Necesito saber:

  • Qué está ocurriendo
  • Qué quieres conseguir
  • Qué decisión tienes delante
  • Cuándo tienes que tomarla
  • Qué puede costarte equivocarte
  • Quién participa
  • Qué magnitud económica tiene el problema.

No hace falta que me des una cifra exacta.

Una estimación sirve.

Y no, no te estoy preguntando cuánto estás dispuesto a pagarme.

Estoy intentando averiguar cuánto importa acertar.

Son cosas distintas.

¿Podemos tener una llamada primero y ya te explico todo?

Prefiero que no.

Primero leo.

Después hablamos.

Una llamada sin contexto suele empezar con veinte minutos dedicados a descubrir cosas que podrías haberme contado en cinco líneas.

Si leo antes lo esencial, llego con mejores preguntas.

Tú aprovechas mejor la conversación.

Yo también.

Cuéntame qué está pasando

¿Quedamos para tomar un café y te cuento la finca?

No como primer paso.

Me gusta el café.

Pero no es un método especialmente eficiente para filtrar proyectos.

Primero cuéntame por escrito qué está pasando.

Si tiene sentido hablar, hablaremos.

Y si después aparece un café, perfecto.

Primero el contexto. Después el café.

Te he escrito por redes sociales y no me has contestado

No uso los mensajes privados de redes sociales como canal de trabajo.

Si tienes un proyecto serio, escríbeme desde la página de contacto.

Si es una duda técnica suelta, no la responderé por redes.

Si es una propuesta profesional, usa el canal correcto.

El canal también forma parte de la forma de trabajar.

¿Qué ocurre después de enviarte el formulario?

Lo leo.

Personalmente.

Si veo que puedo ayudarte, hablamos.

Si necesito aclarar algo, te lo preguntaré.

Después te diré qué creo que habría que hacer y en qué condiciones lo haría.

Si considero que no soy la persona adecuada o que contratarme no tiene sentido para tu problema, también te lo diré.

No me preocupa perder un proyecto que no debería aceptar.

Me preocuparía bastante más aceptarlo.

¿Trabajas fuera de España?

Sí.

Ya he trabajado en distintos países.

Una finca no se vuelve imposible de analizar porque haya una frontera entre ella y mi despacho.

Lo que necesito saber es dónde está, qué ocurre, qué equipo existe, qué información tenemos y qué decisión hay que tomar.

Después veremos si el proyecto justifica desplazarme, trabajar a distancia o combinar ambas cosas.

Primero el problema.

La logística viene después.

Colaboraciones, formación y eventos

¿Das formación o consultoría puntual?

Sí, cuando el caso tiene sentido.

La tarifa y el alcance se acuerdan antes de reservar.

Puede ser una sesión individual, una formación para equipo o una revisión estratégica de un problema concreto.

No incluye automáticamente seguimiento posterior, revisión indefinida de documentación, consultas durante meses ni disponibilidad permanente.

¿Puedes dar una formación a mi equipo?

Sí.

Si hay un objetivo concreto.

No me interesa dar dos horas de diapositivas para que todo el mundo marque la casilla de “formación realizada” y vuelva al día siguiente a hacer exactamente lo mismo.

Necesito saber:

  • Quién va a asistir
  • Qué responsabilidad tiene
  • Qué problema queréis resolver
  • Qué resultado esperáis
  • Qué nivel técnico existe
  • Qué debería cambiar después de la formación

Si hay un objetivo útil, lo estudiamos.

¿Vienes a eventos?

Sí, si el evento tiene sentido y la tarifa encaja.

No participo para rellenar programa.

Participo cuando puedo aportar criterio técnico, experiencia real y una visión útil para propietarios, inversores, gestores o profesionales del sector.

Antes de valorar la propuesta necesito saber esto.

  • Tipo de evento.
  • Audiencia.
  • Lugar.
  • Fecha.
  • Formato.
  • Duración.
  • Tema esperado.
  • Presupuesto. 

Si todo encaja, hablamos.

Escríbeme aquí.

¿Participas en mesas redondas o congresos?

Sí, bajo el mismo criterio.

Necesito saber quién estará en la sala y qué puedo aportar.

No me interesa ocupar una silla para completar una fotografía con cinco personas y seis botellas de agua delante.

Si hay un asunto sobre el que pueda aportar criterio técnico, experiencia o una perspectiva útil, lo hablamos.

Quiero entrevistarte

Escríbeme con una propuesta concreta.

  • Medio.
  • Audiencia.
  • Formato.
  • Fecha.
  • Duración.
  • Tema.
  • Y por qué quieres entrevistarme a mí.

Si todo eso encaja, lo valoraré.

¿Puedes venir a mi podcast?

Puede ser.

Podcast, vídeo, prensa, directo o entrevista escrita me da bastante igual.

Lo importante es lo mismo:

  • Audiencia
  • Tema
  • Formato
  • Tiempo
  • Y si realmente tengo algo útil que decir.

Primero cuéntame la propuesta.

Después decidido.

¿Hacemos algo juntos?

Quizá.

Pero necesito saber qué significa “algo”.

  • Una formación.
  • Un proyecto.
  • Un evento.
  • Una colaboración de contenidos.
  • Una investigación.
  • Una intervención para un cliente.
  • Una acción comercial.

Son cosas diferentes.

Cuéntame qué propones, qué aporta cada parte, qué esperas de mí y qué condiciones planteas.

Con eso se puede decidir.

Sé concreto y claro nada de "relaciones win-win", “creo que podríamos hacer sinergias” y demás mierdas de Linkedink.

¿Me mencionas en tu newsletter?

No por compromiso.

Ni porque me hayas escrito.

Ni porque me envíes un producto.

Ni porque nos conozcamos.

Ni mucho menos porque me vayas a dar una comisión.

Si menciono una empresa, una finca, una herramienta, una máquina, una idea o un proyecto será porque tiene sentido dentro de lo que estoy contando.

La gente abre mis correos para leer lo que considero interesante.

La confianza de quien lee mi contenido vale más que una mención forzada.

Facturas y administración

No encuentro mi factura. ¿Puedes reenviármela?

Primero busca en tu correo las palabras “davidlanero factura”.

Revisa también spam, promociones, social y cualquier otra carpeta automática de tu gestor de correo.

Si usaste una dirección corporativa, puede que tu empresa haya filtrado el mensaje.

Si usaste varias direcciones de email, revisa todas.

Si aún así no aparece, escríbeme desde la misma dirección con la que contrataste e incluye estos datos:

  • Nombre y apellidos.
  • Empresa y CIF, si procede.
  • Email usado para contratar.
  • Fecha aproximada de contratación.
  • Servicio contratado.

Sin esos datos no podré localizar nada con rapidez.

Quiero cambiar los datos de una factura que ya está emitida

Si el error se produjo al introducir tus datos, revisaremos si es posible corregirlo.

Escríbeme desde la misma dirección de correo con la que contrataste e incluye:

  • Nombre o razón social.
  • CIF.
  • Número de factura.
  • Descripción clara del problema.
  • Dato correcto que debe aparecer.

No gestiono cambios de factura desde correos de terceros, asistentes, gestorías o departamentos que no participaron en la contratación.

La trazabilidad importa.

Y ESO ES TODO...

¿Sigues teniendo una pregunta?

Seguramente.

Pero si tu verdadera pregunta es:

“Tengo esto encima de la mesa y no sé qué hacer.”

deja de leer preguntas frecuentes.

Cuéntame el problema.

No necesito que sepas qué servicio contratar.

Necesito saber qué está pasando.

Qué quieres conseguir.

Y cuánto importa acertar.

 

Primero el problema.

Después vemos qué hacemos con él.

Hablemos de tu olivar.

Pero, sobre todo, de sus cuentas.